Dos de mayo

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Hace 205 años se derramó mucha sangre por las calles de Madrid. Frente al Palacio Real, un grupo de “manolos”, de chulapos, de gente baja, prendió con la chispa de la marcha del Infante Francisco de Paula. Los ceños fruncidos, los murmullos y los movimientos bajo las capas desembocaron en empujones, forcejeos y, finalmente, el chasquido de las navajas de Albacete abriéndose al sol de mayo. Con las primeras descargas de fusilería francesa, la revuelta se extendió por las calles de la ciudad.

Con cuchillos, con martillos, con viejos pistolones oxidados, con macetas arrojadas desde las ventanas, con tijeras de costura (como Manolita Malasaña), lo más humilde y bravo del pueblo de Madrid hizo frente a la caballería, la infantería y la artillería del ejército más poderoso de la Europa de esa época. Abandonados y traicionados por las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, madrileños de toda España (gallegos y andaluces, catalanes y navarros, asturianos y extremeños, aragoneses y castellanos…), artesanos, campesinos, burgueses, algunos nobles y unos pocos militares (Daoiz, Velarde, Arango, Ruiz…) sacaron su odio, su furia, su desesperación, su orgullo, su miedo, su valentía, su patriotismo, su instinto de supervivencia para inspirar a la máquina de guerra de Napoleón sorpresa primero, después ira, dolor y admiración.

Ese día los españoles perdieron: al anochecer, los montes de Moncloa y Príncipe Pío retumbaron de fusilamientos entre las sombras de los faroles, mientras los muertos por las balas, la metralla de los cañones o la punta de las bayonetas yacían desangrados en la Puerta de Toledo, el Parque de Monteleón o la Puerta del Sol.

Muchos murieron y todos fueron derrotados ese día, pero empezaron a ganar la guerra por la libertad de España. Aunque no lo supieran, esa guerra no terminó el día que el último soldado francés abandonó suelo español, sino que se extendió durante muchas décadas de nuestros siglos XIX y XX, en los que, con acelerones, frenazos y marcha atrás, con sangrientas guerras civiles, pronunciamientos, golpes de Estado, constituciones, reinados, repúblicas y dictaduras, con episodios y períodos vergonzosos y otros de los que podemos y debemos enorgullecernos, se fue construyendo una España con más igualdad, más justicia y más libertad. La España que, a pesar de todos los problemas, disfrutamos ahora.

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Acerca de aurelioruizenebral

Periodista. Loco por los periódicos y la política. Español y madridista hasta la muerte. @AurelioREnebral aurelioruizenebral@hotmail.com
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Una respuesta a Dos de mayo

  1. Pétreo Diógenes dijo:

    ¡Qué grande eres Aurelio!, me ha encantado el broche al artículo. Los ‘manolos’ seguimos luchando.

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